jueves, 26 de febrero de 2015

Dedicatoria

Para mi abuela Amparo
por dictarme el camino de la Poesía.

* * *

Por amor al Arte, en parte.

Prólogo: Nacimiento poético




Yo nací con miedo a la oscuridad
sin llegar a comprender ciertamente
a quién se le ocurrió tal maldad.
Me desesperaba esperando al Sol naciente.
Y tras años viviendo entre atardeceres
sin comprender de esta vida la mitad,
descubrí que el mayor de los placeres
fue vivir entre las sombras del vientre de mamá.

Plan de actuación




Me pregunto:
En mi plan de actuación a veces dudo
si mis acciones acarrearán un devenir oscuro.

Y me respondo:
Algunos actos mi Yo mayor no los vería con agrado,
por suerte para mí, el futuro aún no ha llegado.

Retrato de mis días

Concibo mi poesía
como una suerte de biografía,
todas las cosas que no hice y las que haría.

A veces digo tonterías
o eso es lo que cree
aquel que dobles sentidos lee
pero no ve.

Es un retrato de mi día a día,
años, meses y semanas perdidas,
lucha por causas perdidas
mientras pasa la vida.

A veces no me salen tan bien como querría
pero no me afecta.
Ni el camino es una línea recta
ni mi vida es perfecta.

Soñaba

Soñaba cosas mientras dormían.

Un héroe dispuesto a todo
por erradicar el mal de cualquier modo,
un paisaje árido, uno bello,
con luz de Sol o de Luna y su destello.

Una carcajada
que recorría todos los valles,
las viñetas y las calles
en cascada.

Ellos dormían y yo dibujaba.

En cualquier lugar
apenas entraba luz por la ventana
ya estaba yo frente a la hoja plana
dispuesto a garabatear.

Captando el plano imposible,
poniendo el color más brillante
a mano, y el corazón latente
viviendo lo increíble.

Ellos dormían y yo dibujaba.

Libretas enteras completé.
Carpetas amontonaba
mientras los rotuladores se gastaban,
hojas enteras manché.

Porque la tinta fluía por el papel
como la sangre fluye por las venas,
ajenas a alegrías o penas
a través de bolígrafo o pincel.

Porque adoraba el raspar del grafito,
los dedos alrededor,
aprender de cada error,
seguir un baile como rito.

Ellos dormían y yo dibujaba.

Pero empecé a tener temor,
empecé a cuestionar mi trazo,
desmembré mis guiones y hechos pedazos
empecé a hacerme mayor.

Empecé a dudar de mis virtudes,
de si realmente las tenía
o solo hacía tonterías.
Cuestioné mis actitudes.

Entonces dejé de dibujar,
lo dejé todo de lado
y me hallé a mí varado
sin saber a dónde tirar.

¿Había perdido tantas horas
para no obtener nada
más que una mente atada
sin hallar ninguna mejora?

Ellos dormían… yo soñaba.

Año sabático

Las Artes acabé,
se avecinaba mi futuro pero yo me relajé,
aconteció que ante el exámen me precipité
y fallé.
Así que terminé
viviendo por la noche entre sorbos de té,
y mamá
cada mañana
me despertaba a hora temprana
de la cama
mientras yo hacía un drama.
Aunque seguí siendo simpático
en mi año sabático
relajado en el ático
documentándome y buscándome
pero no encontrándome.
Hubo algunas tardes sosas
y aprobé algunas cosas
de manera desastrosa
pero no poco decorosa.
Pasaba las mañanas al abrigo
de las risas en casa de algún amigo
a veces un tanto dolido
mas normalmente divertido.
Me busqué a mi mismo
y al primer atisbo
quién lo diría
canalicé mis cosas en poesía,
a veces tierno, a veces duro
planteando el futuro
como “El Poeta Oscuro”.
No habrá otro año igual, lo juro.

Habló el silencio

No sabía que táctica emplear
ante la matemática que se me presentaba,
que no me hacía más que dudar
sin salir de la mente que la encerraba.

Una y otra vez pensé las palabras
y el enfoque.
Cobarde yo, como rey en tablas
desde el enroque.
Oculto por la incertidumbre
de no poder prever tu movimiento
ante mi diálogo,
me limité a dejar pasar las horas
y a veces lo siento.
Fui un necio desde el primer encuentro.

Y entonces habló el silencio
(con su grito mudo).
¿Sabes? A veces imagino
lo que pudo ser, y es algo duro.

No oíste en el silencio mi llamada
y quemaste los pilares
como una llamarada
que purga todos los males,
que cicatriza las heridas
pero escuece como sales.

El silencio se convirtió en un murmullo
que se llevó el viento,
como el olor de tu cuello,
y pasaron la vida y el tiempo.

Vuelve el llanto

De vez en cuando vuelve el llanto
(si digo que no miento).
Sin lágrimas, les tengo espanto
(es quizás un acierto).
A veces para ahuyentarlo canto
o muevo el lápiz en mi cuarto
en busca de un verso santo
que no encuentro, acabo harto.
Puede que por crear termine muerto,
meterse en esto es un salto
que termina con los versos que vierto.
Tantas veces vi mi alma en el asfalto
que pensé en dejarme caer en el desierto.
Pero me quiero tanto…

Sombras




“(…) Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encaprichó una sombra
-La única que te ha gustado-.
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo.”
Pedro Salinas, La voz a ti debida.

No sé si lo sabes, pero vives en una foto
tal como yo en los bordes rotos
de libretas inconclusas.

En una y varias, varias veo
por llegar al apogeo
poniendo cualquier excusa.

Y yo no sé qué es lo que pasa
para que dé tanto la brasa
sin que te enteres de nada.

Quizás sabes (sabías) todo
y adoptaste pues el modo
de sonreír disimulada.

Me mato en el “qué pudo pasar”,
qué debí hacer o callar
hasta que la luz se enciende.

No se puede volver atrás
por muchos errores que veas,
de eso el tiempo no entiende.

Me excedo hablando de ti
¿y guardándolo en mí?
Qué sabrá nadie.

El exceso de ideas me ahoga,
necesito encontrar la gran droga
que mi pesar palie.

¿Y qué más puedo decir?
Que no por más escribir
seré mejor poeta.

Que de nada sirve escribirte
si cada vez que quiero hablarte
el destino me veta.

Yo pensando en ti en futuro
y tú con suerte me nombras.
Yo soy oscuro,
tú tienes sombras.

Disconforme

Mi curiosidad no cabe en una clase,
mi inteligencia no la mide un control,
mi locura no va por fases,
ni tampoco se basa en alcohol.
Mi ideología no se rellena en un color
ni compras mi confianza con un favor.
Mi cuerpo es algo más que órganos,
mi arte no lo censuras con tu colador.
Mi furia no es grande, es de órdago,
mi enfermedad no sería de diagnóstico,
mi labia no es por orador
ni mis indirectas van en acróstico.
Mi hogar no cabe en cuatro paredes,
mi relax no va por caladas,
mi aspiración no es un chalet y un Mercedes,
mi arma no es una granada.
Mi mar es indomable;
sus aguas son de nadie,
sus olas insobornables.
Mis ideas, creo, son loables.
Mis sueños no caben en una cama,
mi ambición va más allá de cualquier reino,
mi amor rebosa en una dama
y al ser humano ¿le mides en una ley? No.
Mi opinión ocupa más que un lema,
más que dinero espero como honorarios,
mi yo no sabe de tu sistema,
mi horario no se adapta a funcionarios.
Mis obras son algo más que técnica,
mi prosa no cabe en un libro,
mi poesía no la mides por la métrica,
de mis errores yo sé que jamás me libro.
Mi cabeza es algo más que productiva,
mi letra es algo menos que atractiva.
Mi actitud ante tu análisis es disconforme
porque yo no quepo en ningún informe.

Te condeno al olvido

Te condeno al olvido.
Cada día me lo digo.
A la mierda tu olor,
esos ojos que irradiaban color,
tu alegría y tu pavor
y tus abrazos como abrigo.
Hasta luego.
O adiós, porque desde luego
no te abandono, te echo al fuego.
Te condeno al olvido,
que él sea compasivo
porque yo voy a serlo
tanto como tú lo has sido.
Y no es un castigo
aunque así quieras verlo.
Estoy harto de no tener el mando,
lucho por olvidarte
hasta darme cuenta que en parte
al pensarlo, joder, te estoy recordando.

Con esto que hago

Con esto que hago
soy el azúcar en tu lengua,
el placer en ojos y oídos,
la pasión que no mengua,
el héroe que nunca se da por vencido,
el ego inquebrantable,
la pareja perfecta
y su cuerpo palpable,
tocar el cielo sin trabas,
hacer los pequeños placeres grandes,
ser como el río, que no acaba,
llega al mar y se expande.

Futuro, pasado y presente

Hace tiempo que no sé qué me depara el futuro.
Quizás será porque fallo en lo que auguro.
Quizás porque nadie apuesta un duro
o porque el concepto está desfasado.
A lo mejor por eso añoro el pasado
y odio, a veces, vivir el tiempo que me ha tocado.
Pero siempre vuelve a mí un instinto latente
que siempre está a mi lado y nunca me miente.
Me dice simplemente: “Vive el presente”.

Somos nosotros




He nacido en una generación estresada
que anda de política e ideales cansada,
para la que las guerras deberían ser agua pasada,
adictos a la tecnología, creyentes de nada.

A veces se hace del dinero bandera,
otras dejan banderas para quienes las quieran,
queriendo siempre que sus vecinos perdieran
pudiendo ser tolerantes y adultos si quisieran.

Adictos al alcohol, la droga y la fiesta,
a manifestarse sin saber por qué se manifiesta,
a dar de amor y odio muestra
dando codazos en el suelo por llegar a la cresta.

Mierda. Me ha tocado esta generación y no la de otros.
Esquivos si no eres “de los nuestros”,
siendo sin ser persona hasta los restos.
Capaces de joder o salvar el mundo. Somos nosotros.

En clase

Las aulas siempre me causaron tremendo aburrimiento.
Hoy en día me exasperan, rayos y centellas,
me siento viejo para ellas.
Son una pérdida de tiempo.

Me desespero.
La asignatura no me interesa
y el profesor que la profesa
quizás solo piensa en dinero.

Aprender todo eso no es mi lema,
no creo que el saber se halle en clase
y en caso de que eso pase,
¿para qué estarían las bibliotecas?

Cielo nublado

El cielo nublado sobre cemento triste,
un cuerpo que tiene demasiados quistes,
demasiada mala gente, sociedad en el suelo;
la pobre ciudad lo sabe, y lo plasma en el cielo.

Pensando que el tiempo es una metáfora de nuestro estado…
estúpida idea para quedarme calmado.
Divago sobre el reflejo de mí en el temporal
como excusa para hacer un nuevo pareado.

¿Hay realmente temporal para esta ciudad fatal?
¿Nubes y tormenta que plasmen oscuridad sin igual?
Dudo que haya clima que haga a esta ciudad justicia
excepto cuando el viento hecho cuchillas me acaricia.

Vida gris

Sales de casa pensando:
“Tengo que comprar pilas para el mando,
así al volver pongo la tele y me río un rato,
no demasiado, pero ella me da mejor trato
que el de mi mujer este día.
Nuestra relación se ha quedado fría,
sobras en la nevera;
nuestra relación
hace tiempo que pasó la primavera
y cada acusación
con la que cada uno apela
es una estalactita de hielo
que se perdona por los pelos
pero no se descongela.”

Y llegas al trabajo:
“¡La madre que me trajo!
Tengo trabajo y me quejo,
pero en mi queja no cejo
o no me lo perdonaría.
Me mata esta monotonía.
No hallo alegría ni sabiduría,
solo rutina asesina,
solo días como encinas,
con fruto, pero amargo.
¿Acaso esto vale de algo?
No quiero ponerle empeño,
no si no es mi sueño,
y de él ya desperté
y acabé
en una clase
que me dio
un pase
a este empleo y se acabó.”

Cae la noche, y vuelves al hogar:
“Tampoco por él voy a rogar,
ya no disfruto ni las vacaciones
por culpa de mis decisiones.
Amoldarse a la manada
rompe sonrisas y corazones,
quiero huir en desbandada
pero me faltan cojones,
me falta maldad
para darle a mi familia soledad
y abandono
aunque solo esté mejor mi trono.”

De repente el destino
mueve ante ti sus hilos
y planta frente a ti un asesino
que te apuñala sin vacilo.
Tu alma se apaga contigo, bis a bis,
terminando con tu vida gris,
apagándose tu aliento
en cárcel sin vallas, de cemento.
Y en vez de soltar un lamento
o contra tu asesino pestes
solo piensas una última frase
antes de que la muerte te abrace:
“Cualquier infierno menos este.”

El barco navegaba por la ciudad

El barco navegaba por la ciudad.
Yo lo vi.

Es verdad.
Desde mi ático se divisaba
cómo el barco navegaba
por la ciudad.

Paseaba entre edificios
de ladrillo y piedra
como si fuera un fantasma
entre la niebla.

El barco navegaba por la ciudad.
Fue así.

Cuesta abajo desde la cresta
de Alicante
el mar vuelve a subir
hasta el horizonte.

Y allí se desplaza el transporte,
casa navegante
con transeúntes,
ajenos y no de la urbe.

El barco navegaba por la ciudad.
Yo lo vi.

Navegaba entre el cemento
al compás del viento
con lujo y camarotes
por aquí.

Yate noctámbulo de la costa
que no me llevó a mí.

Basura

La Luna proyecta su luz en la oscuridad
pero yo no veo nada iluminarse, si digo la verdad.
La basura abarrota las calles
esperando a que te desmayes
en medio de la vecindad
que no moverá un dedo, pero prestará detalle.
Alguien con la voz ronca
busca en las aceras bronca
y cuando molesta a durmientes de forma tonta
es cuando ellos dicen que importa.

En la calle se oyen gritos,
en mi habitación recito.
En la calle está lo que los basureros dejan,
en mi cabeza una rima por cada queja.

Hay en mí un alma oscura
y en la calle solo basura.

Estado ebrio

De tanto que bebió
se halló en estado ebrio.

Iba por las calles
como pidiendo silencio.

Joven como la noche
pero el cuerpo destrozado,

la cabeza y el derroche
en la esquina le habían dejado.

Hablando con detalle,
sus palabras tenían forma

(tomó un poquito más
y eso fue ‘la gota que colma’).

Se quiso limpiar
y para ello usó líquido

pero a poco tardar
dejó de ver el mundo nítido.

Pasó por el baño
para ver a su amigo,

iba de enero a fin de año
con abrazos efusivos.

Se encontró con toda escoria,
pero era poco importante

pues perdería la memoria,
qué voy a contarte.

Acabó su madrugada en casa
esperando al despertar el premio,

y de lo que en la noche pasa
mejor saben los abstemios.

La ciudad siempre despierta

Hablan las voces atemporales
de la ciudad siempre despierta,
pero a esta hora por las calles
no hay ni una puerta abierta.

Pasea por la acera algún transeúnte
absorto en sí mismo
por el camino que atisbo
con caminar cansado y constante.

Los edificios impasibles,
fríos y silenciosos,
forjados en cemento firme,
hacen resonar motores y pasos.

Al escribir nocturno nadie consigue verme
en esta (como otras) ciudad que nunca duerme.
Mas sí que sueñan sus gentes reales pesadillas de dolor.
Ven esta sociedad inerte y sueñan una ciudad mejor.

Domingo en la ciudad



Siempre me despierta algún ruido inoportuno.
No tiene un horario concreto,
como el desayuno.
A veces me autorreceto
tomarme un zumo
y otras veces voy por la casa a la deriva
esperando sin demasiado apetito a la comida.
Estudio menos de lo que debería
y pienso en el lunes mucho a lo largo del día,
menos mal que desde la terraza se respira tranquilidad.
Parece incluso que la ciudad en domingo esté hecha de bondad
y de paz silenciosa.
Si no he escrito el sábado escribo alguna cosa
o pongo la televisión, o un libro sobre mi nariz curiosa.
Fuera acontece rápido el círculo cromático
mientras descanso
de todo desde mi ático.
En el domingo me amanso
y solo me apetece convertir mi cama en burbuja
pensando en todo lo que voy a escribir o decir
pero sin levantarme a vivir
y cuando por fin cojo el bolígrafo ya marcan “lunes” las agujas.

Lejano

Los recuerdos son como un lugar lejano.
Una imagen que se borra a cada paso que damos.
Arena que se diluye y se cuela entre las manos.
La suela que se desgasta cuanto más avanzamos.

El recuerdo lo marca la distancia.
Mirar atrás y sentir aquella nostalgia,
un olor que más que oler te hace sentir magia
o un espejo que te muestra tus carencias.

Hay recuerdos que son cicatrices,
las intentamos curar con alcohol;
y hay otros que son felices,
lo que a nuestra garganta mentol.

Pero todo eso da igual, porque están lejos.
Cuando te percatas ya han pasado volando,
te das cuenta de que todo ha ido cambiando
y de que nos hacemos viejos.

Recuerdos en cemento

Despertar, abrir los ojos y saber que estaba en casa,
lugar de eterno verano, leyendo en la terraza
con cualquier edad en la ciudad del Sol que abrasa.
Caminar. Simplemente. Por cada calle, cada plaza,
cogido de la mano, luego con confianza.
Correr libre como un niño, sentir el mundo tuyo,
recordar de mayor, sentirte un capullo.
Ir al colegio cuando la vida no era tan dura,
cuando cada tontería podía ser una aventura,
cuando todo podía ser en una vida futura,
cuando luchaba contra el miedo en mi cuarto a oscuras.
Amanecer el fin de semana, los días buenos,
acompañar a mamá, al mercado al menos…
Maldecir aquella rutina de niño en voz alta
y ahora echo aquellos días tan en falta…

Sin irme del lugar y sin saber cómo he llegado aquí.
¿Cuántos recuerdos guarda esta ciudad de mí?

Del colegio al instituto sin pausa ni cortes,
atletismo en San Blas y demás deportes,
empezar a salir con amigos, sin excesos,
creyendo en el amor sin saber ni qué era eso.
La ciudad donde le dijo “sí”, la clase donde me dijo “no”,
los portales de tantas que qué se yo.
El lugar donde paró el tiempo, el otro del primer beso,
el comprender que nunca me querría y vivir con ese peso.
Las tardes en casa de los abuelos,
todos los que se fueron,
los que ya no se dejan ver el pelo
y los que murieron.
Las calles por donde pasaron
y por las que yo sigo.
Mientras la memoria no me falle, allí seguirán vivos.

Sin irme del lugar y sin saber cómo he llegado aquí.
¿Cuántos recuerdos guarda esta ciudad de mí?

Esperar en el pasillo y grabarme un escote,
estar en el recreo y no pegar muchos trotes,
Kiros y otros tantos motes
puestos mientras descubría mis dotes.
Garabatos en clase, garabatos en casa,
el cómic no fue una de esas modas que pasan.
La biblioteca del barrio con visitas tantos días…
Querer hacer en mi habitación mi propia librería
y dejar de gastarme el dinero en tonterías.
Ir mil y una veces al Ateneo cómics y demás,
tardes entre arte solo ¿y quién quiere más?
Yo, con las tardes con amigos que no cambiaría jamás.
Crecer y al anochecer beber,
alcohol aquí, alcohol allá,
tomando un poco por placer
y no por acabar con todo lo que haya.
Despertarme más tarde y sentirme fatal.
Ya no aprovecho las mañanas y la ciudad sigue igual.

Sin irme del lugar y sin saber cómo he llegado aquí.
¿Cuántos recuerdos guarda esta ciudad de mí?

Nuevos amigos por nuevos lares,
descubrir y aprenderme todos esos lugares.
Los grafitis paredes y carteles tapan
mientras yo de la ciudad hago mi propio mapa
de esta urbe con mierda a diario,
descubrí que los hijos de puta no entienden de barrios
y que esta ciudad está manchada por varios.
Frente al mar, creerme hipnotizado por sus labios,
cambiaba de aspecto en mis sueños
y en una esquina me decía adiós.
Y cada punto de la ciudad guarda un recuerdo con ella
que no borramos ni yo ni la lluvia
pero mis poemas los sellan
y su olor se lo lleva el suelo con agua turbia.
Creo como Nacho que esta ciudad es Suburbia,
que está viva, pero hecha una pena,
que no es una gran urbe pero la vida es amena
y al atarme a sucios muros grises sello mi condena.
Condenado a vivir en ciudad que nunca será vergel
donde cualquier lugar es peligroso como aquel
ascensor en el que se pronunció por él.

Sin irme del lugar y sin saber cómo he llegado aquí.
¿Cuántos recuerdos guarda esta ciudad de mí?

Relajarme en la playa, por mamá lleno de crema,
o volver a casa sin quemarme, hecho una patena
aprendiendo la lección a base de escamas.
Leyendo en la arena con las olas de fondo
zambullido en la lectura hasta lo más hondo,
solo parando para ver desfilar mujeres
y después volver a leer, bañarme u otros quehaceres.
Yendo a cualquier lado con poco dinero,
depende de cómo lo uses,
yo tiendo a ahorrarlo
y a recorrer la ciudad en buses.
Una ciudad pequeña que guarda grandes momentos,
buenos o malos, de alegría o lamento.
Puede que me marche, pero no miento
cuando digo que (para bien o mal) siempre la llevaré dentro.

A Calíope



A veces te llamo y no vienes.
Haces conmigo lo que quieres
porque sabes que me tienes.
Pero hoy acudirás,
mi verso y sus llamas
te aclaman
y finalmente volverás.
Sí, serás tú quien baile a mi son
porque aunque tú no lo quieras
sigo teniendo este don.
Mas no te enfades, Calíope,
tus lágrimas son mi síncope
y tu furia un vendaval.
Lo nuestro es liberal, es verdad,
pero aunque te asombre
intento alejarte de los que en tu nombre
cometen una barbaridad.
Tú eres inspiración
de esbelta y excelsa musa
y en esta canción
cualquier pelea es una intrusa.
Mi boca quedará muda
y te he de decir
antes de que me destruya
que a ti me uní
cuando desnuda
me dijiste: “Hazme tuya”.
Y aunque estemos sin hablarnos
algún tiempo,
tengo la paciencia del río
que fluye lento.
Esperaré a desembocar entre tus brazos
para que juntos dibujemos nuevos trazos
y reflejemos todo lo que alegre y duela
de esta vida
en nuestra particular acuarela.
Olvida los roces
y hagamos las paces,
hagamos las obras
por las que se nos conoce,
papel y tinta y nos sobra.
Ven a mi barco de vela
donde los sueños cobran forma
con tu ayuda
y hazme volar sobre el agua,
dale certeza a mi rima muda.
No seas tímida,
déjate de manías
y túmbate a mi lado
trayendo la inspiración
a mi poesía.

Verso libre

Mi verso es libre -libre como el viento y el verano-.
Kase.O en Libre
Hice un trato con tinta y papel
y ya no habrá quien me mate.
Se filtró la poesía bajo mi piel
y se abrió el debate:
Tomármelo en serio o como un recreo,
inspirarme en sueños o en lo que veo,
si hago pareados o de otro modo…
Yo y mi obsesión por rimarlo todo.
Yo y mi pretensión de luchar codo a codo
con mis palabras contra el día a día
y mi maldición de escribir tonterías.
El verdadero poeta no escribe
si no lo siente y lo vive,
no piensa en una frase si otra no la sigue,
como yo. Busco que el poema te vibre
porque la oscuridad me persigue…

pero mi verso es libre.

Escribir no es una cruz,
es como cerrar los ojos un día soleado
y embriagarse con la luz
diez mil veces superado.
No te saca de pobre,
pero con versos de cobre
comienzas a hacerte un nombre
haciendo que corazones retumben
llevándote a la cumbre.
A veces esclavo
del folio, alabo
la libertad
de creación de la poesía
que hace de una necesidad
una alegría.
Guardo mis libros en la estantería
esperando que se desequilibre.
Soy un soñador loco

y mi verso es libre.

Escribo para encender focos,
para desatar locuras,
cada día un poco
evitando la censura.
He escrito allí a donde he viajado:
relatos, viñetas, versos,
aforismos o en páginas extensos,
reflejo de lo que he vivido
y dónde he estado.
Hablando de lo que viví dormido
y lo que soñé despierto.
Lo que imaginé y lo que fue cierto.
Me inspiró la arena,
me llamó la playa,
el vergel, las penas,
las mujeres que desmallan.
Viajé pero tenía una condena,
un poema me tocaba al timbre.
Coso rimas en poemas como mimbre

porque mi verso es libre.

Réquiem de los versos muertos

Déjenme que escriba unas líneas
por el Réquiem de los versos muertos,
quizás fueran versos no natos
de este escritor novato
de ideas ígneas.

Escribí miles de versos
que no salieron de ese infierno
al que poetas llaman cuaderno
de apuntes que no llegaron ni a serlo
y se pierden en párrafos extensos.

Gracias a todos ellos, que fueron mi cruz
pero me sirvieron de entrenamiento,
me bajaron los humos como escarmiento,
me hicieron escribir poemas a cientos
y me enseñaron a aprecia en lo mejor la luz.

Escultor nocturno

De noche es cuando mejor trabajo,
cuando mejor estoy y más me relajo.

Duelo bipolar contra la oscuridad
entre temer a las sombras o bendecir su productividad.

Con poca luz y algo de música ambiental
me sumerjo en mi obra de manera total.

No entra la fiesta, la familia, el júbilo,
no importa el dinero ni el público.

Como un escultor nocturno modelo letras,
retrato el exterior y lo que hay detrás.

Dejo de preocuparme por los problemas de la vida.
Maldita noche, nuestra relación es autodestructiva.

Una espina

Cada verso es una espina
que extraigo con tesón
para extraer el pensamiento
que en mi mente hace presión.

Cada párrafo es una espina
que te cuenta mi hoy,
te describe lo que pienso
y te dice lo que soy.

Cada página es una espina
y a veces en tinta las hago en un tris
para luego añadirles el color
que necesita este mundo gris.

Cada logo es una espina
por la que siento afecto
y a la vez frustración
aunque nunca esté perfecto.

Cada obra es una espina
que me acerca al final
cuando me saco otra más.
Pero yo soy un rosal.

Ser Poeta

Ser Poeta para mí
es algo más que escribirle al desamor,
es algo más que alabar a una mujer,
es algo más que definir tu dolor,
es algo más que cantar por placer…

Ser Poeta para mí
es algo más que invocar a las musas,
es algo más que maldecir la inspiración,
es algo más que rimas difusas,
es algo más que “ponerle corazón”…

Ser Poeta para mí
es algo más que ganar un premio,
es algo más que entregarse al mal,
es algo más que vivir bohemio,
es algo más que un juego verbal…

Ser Poeta para mí
es algo más que publicar un libro,
es algo más que ganar dinero,
es algo más que usar el cerebro,
es algo más que un verso certero…

Ser Poeta para mí
es algo más que exclamar “¡Oh!”,
es algo más que definir la naturaleza,
es algo más que protestar “¡No!”,
es algo más que hablar de quien reza…

Ser Poeta para mí
es jugar a ser el rey Midas,
es ponerle alma a algo inerte,
es una muerte en vida
y una vida tras la muerte.

La Escritura



Desde que tinta o grafito toca el papel
a través de lápiz, bolígrafo o pincel
y comienza la mano a hacer florituras,
ya me ha inundado el poder de la escritura,

que arrastra mi futuro a una fosa,
alejándome de cualquier otra cosa
con su particular belleza
que mi inseguridad destroza.

Me hace ser el héroe con mayor destreza,
transforma mi tristeza en excitación y alegría,
calentando mis manos en las noches frías,
pudiendo convertir en obras maestras tonterías.

Consigue grandeza aunque sea pequeño el formato,
convierte en huracanes o calma mis arrebatos,
recopila sobre mí inmensos datos
y aún así siempre me ha dado un buen trato.

No es sin embargo una mujer
que recuerda con veneno el ayer.
En el presente te dota de eficacia
y cuando es pasado te transmite la nostalgia.

Se encuentra en libros y novelas,
en el artículo de aquel de quien recelas,
esa película de guión de final fatal,
el poema que convierte vuestro amor en inmortal…

A veces se mezcla con rap, blues o rock n’ roll;
con cualquier partitura con una clave de Sol.
Puede tener humor, moraleja, lema…
Será perfecta si la técnica es buena.

Nos rodea en nuestra vida mientras crecemos,
permanece en ella aunque la rechacemos,
siempre intentando cazarnos con su embrujo
demostrando día a día que es como agua y no un lujo.

De entre tantas artes destacable entre todas
pero no necesita odas.
Todo el mundo sabe que la pura escritura
es de por sí grande. Este escritor lo jura.

Violencia literaria

A veces con letras alguien ataca con fuerza
a personas o cosas y hay quien lo tacha de violencia,
lo que me hace replantearme esta sociedad tan necia:

Violencia literaria es ser una editorial,
olvidarse la calidad y pensar solo en el jornal.

Violencia literaria es alzar a autores vulgares,
cutres y famoseo que por desgracia hay a pares.

Violencia literaria, diarios para cabras,
periodistas subjetivos que venderán sus palabras.

Gran violencia literaria, fama a escritores vendidos
mientras los reales genios se condenan al olvido.

¡Violencia literaria es castigar la expresión pura
y además manchar palabras con la puta censura!

¿Más violencia literaria? Machismo literario,
que mujeres tengan que usar pseudónimos a diario.

Y violencia literaria ultra feminista, me temo.
¿Es que ni un solo hombre ha escrito nunca nada bueno?

¡Violencia literaria son obras maestras en librerías oscuras
mientras en colegios e institutos a los niños dan basura!

Violencia literaria es creer que leer no es una necesidad.
¿Qué se puede vivir sin arte? Eso no es vida, en verdad.

Romper páginas es violencia en altas cotas,
un fracaso para el ser humano, es una derrota,
porque quien rompe un libro tiene ya el alma rota.

Menos mal

El mejor artista aún no ha sido engendrado
y menos mal,
así se enterarán que el buen arte no es solo pasado.

El mejor poema aún no ha sido escrito
y menos mal,
así mientras lo busco escribo y recito.

La chica que me enamore sigue en busca y captura
y menos mal,
de encontrarla y ser rechazado perdería la cordura.

El momento de dejar esto aún no es
y menos mal,
dejaré de escribir a tres metros bajo tus pies.

La oscuridad en este poeta está presente
y menos mal,
cuando pierda ese matiz será cuando lo lamente.

La ciudad sigue ahí afuera
y menos mal,
el sitio más seguro es la cueva de las fieras.

La obra maestra de mi vida no está empezada
y menos mal,
porque no tendré objetivos cuando esté finalizada.

La vida está, y sigue y no va a faltar
y menos mal,
aún quedan cosas por las que continuar.

Caída y Ascensión

(I) Escribiéndole al vacío

Me di cuenta en la librería
de un centro comercial.
A veces desearía
no haber descubierto esa verdad.
Observando la sección de poesía
pude observar lo vacía que estaba.
La gente pasaba de largo
a otras novelas, ensayos,
y allí estaban los versos encuadernados,
nadie los miraba.
Abrí uno actual al azar
y mientras lo ojeaba
buscando mis propios fallos
y mirando el precio
dejé de ser un necio
y me convencí de que no lo compraría.

Miles de litros se desperdiciaban
en los sentimientos que poetas retrataban
en versos que nadie comprendía.
Para esa cruda inspiración, la vida ¿qué les haría?
La falta de dinero que da la poesía ¿dónde les llevaría?
Desconozco el fin de poetas y poetisas más allá
de lo que libros de texto trajeron hasta acá.
Y ni a ellos se les recuerda con justicia, la verdad.
Este encuentro me hizo preguntarme ¿dónde me hallaba yo?

Yo me hallaba escribiéndole al vacío.
A musas con sueño
porque versos con empeño
no las enamoraban con brío.
Yo me hallaba poniendo frustraciones
en rimas y poesías
porque no valían
para ser hechas canciones.
Me encontraba en una caída sin ascenso
de la que no creí poder salir
hasta que volví a escribir.
Porque ahora que lo pienso…


(II) Y así se hará inmortal

Se perderán las rimas en las estanterías
de las bibliotecas perdidas
de barrio, abandonadas
por sustitutas y vanas tonterías.

Se quebrarán las hojas que encuadernan
los folios y el tomo
que tienen el pomo
de mis secretos (los guardan).

Las voces que recitaban mis versos
con rápida memoria
irán perdiendo gloria
y caerán en pozos sin recuerdos.

Se olvidarán del autor que antaño
vació su alma en parte
en este y otros artes
con poco más que valor y empeño.

Pero seguirá vigente este hombre
que escribió versos en tromba
al abrazo de las sombras
por alcanzar la cumbre.

Porque mi escritura visceral
pasará mi creación
a una nueva generación
y así se hará inmortal.

Epílogo: Ave Fénix




Sólo somos polvo.
Motas sin decoro,
algunos se creen oro
y eso es el colmo.
Yo me hice en llamas
y en vapor de lágrimas
y volé más allá
de donde van las águilas.
Lejos de tus prisas, tus abrazos,
de tu cuerpo, de sus trazos,
tu risa y tus arañazos.
Investigué tanto
con lápiz y tinta
como un ingenuo
porque ser un genio
no es como lo pintan.
“Vaya bazofia,
qué asco de vida,
que mente más necia,
un bala perdida.”
Tanto arte y tantas mierdas
me pusieron contra las cuerdas,
y estuve a punto de abandonarme
y querían quemarme
pero yo me hice en fuego, ¿recuerdas?
Decidí no ser un vago,
luchar por lo que quiero
del modo más fiero
y esto hago.
Vivir del pasado
es estrellarte contra un muro,
y soñar con el futuro
es de atontados
si no haces lo soñado,
te lo juro.
Me curtí en fallos,
me dí por vencido,
pero he renacido
como aquí detallo.
Mírame, ya no huyo.
Tengo la felicidad que buscáis,
que no la que predicáis
tú y los tuyos.
Dibujo o escribo
sobre la hoja plana.
Retrato o describo
lo que me dé la gana.
Me dan igual vuestras miradas
de asco, de indiferencia,
de envidia mal llevada.
Porque no sigo tendencias
y tu “Todo” importa “Nada”.
He decidido lo que quiero,
una canción milimétrica
con cada verso certero
y una actitud ética.
O eso espero.
Quizás el miedo esté de vacaciones,
quizás me guíe por mis tentaciones
y deje de preocuparme
de todo excepto de amar,
todo excepto reír,
y todo excepto llorar
para vivir.
Porque cuando llegue a mi cénit
y me encuentre hecho trizas
resurgiré de mis cenizas
como el Ave Fénix.

martes, 17 de febrero de 2015

Agradecimientos

A Sandy y a Alex, que leyeron este libro antes que nadie y
me instaron a sacarlo a la luz.
A Héctor JC y a Daniel Freeman por ponerle música a dos
de mis poemas haciéndolos también suyos, a Argos por
recitar un fragmento de Pedro Salinas tan bien como él
sabe y a Neim por grabarlo todo.
A mi familia (mi hermana por captar momentos, mi
madre por despertarme por las mañanas, mi padre por los
consejos).
A cualquiera que (para bien o para mal) salen en este libro.
A quien lea este libro y haga cualquier parte, poema o frase
suya.

* * *

A la Luz por proyectar sombras,
y a la Oscuridad por albergar destellos.


Alicante, 21 de noviembre de 2014.